Ya nos hemos paseado por las partes místicas de la producción de este delicioso elixir, ahora llegamos a ese punto en que las máquinas toman un poco el protagonismo, haciendo que nuestro líquido ámbar esté listo para servirse en tu copa.

Pues bien, como ya habíamos mencionado el proceso de añejamiento causa que el líquido tome ciertos sabores, colores y aromas pero, en algunas ocasiones, también deja algunos residuos que deben ser removidos para evitar partículas indeseables. Aquí entra el proceso de filtrado, que depende mucho del tipo de ron y cómo será distribuido, por ejemplo, cuando se exporta a países con climas más fríos, el proceso de filtrado debe ser más fuerte para evitar que los cambios de temperatura creen algunos depósitos que pueden dañar el sabor de la bebida.

Luego de esto, tenemos un Ron casi perfecto para embotellarse, este es el punto en el que nuestros Maestros Roneros se encargan de hacer su magia y crear la mezcla perfecta. Es importante saber que la mayoría de los rones comerciales son una mezcla de rones de diferentes tipos y edades, por eso se pueden clasificar como “blendings” ya que se hace la combinación ideal para lograr la consistencia, el sabor y demás características organolépticas deseadas.

“Recordemos que, en Venezuela, para ser considerado como Ron, la mezcla debe tener un mínimo de 2 años de añejamiento, lo que quiere decir que cuando se hacen las mezclas se puede tomar un porcentaje de este líquido como base y mezclarlo con otros. Tal como pasa con Barrica que se produce con mezclas de hasta 40 meses de añejamiento y se combina con otros rones con tiempos distintos”.

Llegar el punto ideal, sin duda, lleva horas de trabajo, por eso el Maestro Ronero se dedica a crear la unión perfecta y al conseguirla se asegura que el contenido de cada botella sea consistente tanto en sabor como en calidad. Este arte, o “momento especial”, es indispensable en todo el proceso, pues los encargados de las mezclas tienen en sus manos todo el sabor y de ellos depende desde el color hasta el grado alcohólico que tendrá la bebida.

Después de agregar ese toque mágico y secreto de la mezcla, podíamos decir que ya está todo listo para embotellar y poner los sellos de calidad, aunque falta ese último paso donde se deja que el líquido se fusione por un tiempo en la botella y ya pasa a estar listo para su distribución.

Bien sea para tomarlo puro, con hielo o en cócteles, el Ron es una de esas bebidas que no puede faltar en la mesa para brindar y celebrar los grandes momentos.