Después de la fermentación de la caña, el Ron pasa por un proceso cargado de gran misticidad, un proceso que es dejado, una vez más, en “manos de la naturaleza”: El envejecimiento o añejamiento.

En primer lugar, debemos entender la “simpleza” de este paso, pues una vez los líquidos de la melaza son extraídos y tratados pasan a almacenarse en barriles o barricas de roble durante un determinado tiempo; lapso durante el cual los alcoholes adquieren esas propiedades que tanto nos gustan al probar un buen Ron.

El roble americano es menos poroso, y por tanto es más resistente y menos permeable.

Pues bien, regresemos un poco en el tiempo para reconocer que el uso de la madera, para añejar el ron, es relativamente reciente, pues los primeros registros que tenemos de este proceso datan de 1860, cuando la producción se hacía en barricas chamuscadas de roble. Este paso fue poco a poco popularizándose hasta convertirse en uno de los momentos claves en la producción de Ron.

Como es sabido, en los inicios de la comercialización de este producto, su venta consistía en pasar el líquido fermentado directamente a una botella, pero su rotación era tan grande que los productores comenzaron a almacenar la bebida en barricas de roble que, al mismo tiempo, funcionaban para trasladarlo con mayor comodidad.

Esta acción, al momento de almacenar el Ron, causó uno de esos “afortunados accidentes” que hicieron ver a los fabricantes la transformación positiva que sufría el destilado durante dicho proceso, pues al estar por muchos días almacenado este tomaba cierta coloración y desarrollaba un sabor muy superior al que se conocía. Esto sucedía porque el Ron absorbía los sabores, aromas y colores de la madera, debido a la porosidad de la misma, provocando también cambios en su composición química y hasta un poco de evaporación, conocida como el famoso “Impuesto a los Ángeles”.

Por consiguiente, podemos determinar que el añejamiento es, sin duda, tan importante como la fermentación de la caña en la producción de Ron, ya que en este momento suceden una serie de cambios que sirven para mejorar la calidad de la mezcla de los destilados almacenados en las barricas, durante largos periodos de tiempo.

Y hablando de tiempo, es importante mencionar que uno de los grandes “secretos” de los rones es su tiempo de añejamiento. En Venezuela, la Ley determina que un ron puede ser declarado como tal, solo después de haber cumplido dos (02) años de añejamiento en barricas de roble americano.

¿Por qué se necesita entonces más tiempo? Al cumplir los dos (02) años de almacenamiento, las mezclas comienzan a tomar ciertas propiedades organolépticas que diferencian a cada uno en el universo de rones; sabores, aromas y hasta colores que hacen que pase de ser el ron “tradicional” a un ron más maduro y con perfiles particulares que lo destacan.

Podemos entender entonces la gran importancia del proceso de añejamiento y que, por medio de este, los alcoholes van madurando y adquiriendo propiedades que lo hacen único y especial ante el resto, pues este “descanso” del líquido va evolucionando y tomando casi directo de la naturaleza esos matices como el de los frutos secos, el caramelo y las especias característicos de Ron Barrica o ese toque de madera y miel de Ron Ultra añejo Caballo Viejo que tanto hechizan a nuestro paladar.